Dormir bien también es salud
Dormir es una parte esencial de nuestra vida, pero ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar en cómo influye realmente en nuestra calidad de vida? Aunque solemos asociar el descanso únicamente con la cantidad de horas que dormimos, dormir bien va mucho más allá del tiempo que pasamos en la cama.
La calidad de vida puede variar dependiendo de factores como la edad, el estado de salud o el nivel socioeconómico. Sin embargo, también es una percepción subjetiva que depende de la satisfacción y el bienestar físico y psicológico de cada persona. Dentro de estos factores, el sueño ocupa un lugar fundamental, ya que no solo necesitamos dormir cierta cantidad de horas, sino que también necesitamos que ese sueño sea reparador. Cuando no descansamos adecuadamente, nuestra salud y nuestro bienestar pueden verse afectados.
En este artículo exploraremos la importancia del sueño y cómo la calidad de nuestro descanso puede influir en nuestra vida cotidiana.

¿Qué es el sueño?
El sueño es un proceso fisiológico, heterogéneo, activo y rítmico. Algunos autores lo describen como un estado de inconsciencia del que es posible despertar mediante una estimulación sensorial. Este proceso se alterna con el estado de vigilia en periodos de aproximadamente 24 horas y forma parte del ritmo circadiano.
El sueño afecta y, a su vez, es afectado por múltiples procesos fisiológicos, psicológicos y del entorno. Durante este estado de reposo, la actividad fisiológica disminuye; por ejemplo, el pulso, la presión arterial y la respiración. Sin embargo, durante la etapa de sueño REM se presenta una actividad fisiológica similar a la de la vigilia y es, además, la fase en la que ocurren los sueños.
El sueño y su relación con la salud
Actualmente existe cada vez más evidencia empírica sobre la estrecha relación entre el sueño y el estado general de la salud física y psicológica.
Algunos trastornos del sueño, como el insomnio y la apnea, son conocidos por sus graves consecuencias físicas y psicosociales (Roth & Ancoli-Israel, 1999). Las alteraciones del sueño pueden contribuir a la aparición o agravamiento de enfermedades médicas y trastornos psicológicos, por lo que la calidad del descanso es un aspecto importante para mantener nuestro bienestar.

¿Cuánto necesitamos dormir?
La cantidad de sueño que necesita cada persona está condicionada por distintos factores relacionados con el organismo, el ambiente y el comportamiento. Mientras algunas personas pueden dormir cinco horas o menos, otras necesitan alrededor de nueve horas para sentirse descansadas. La mayoría de las personas, sin embargo, duerme un promedio de siete a ocho horas.
Determinar cuánto tiempo es adecuado dormir sigue siendo un tema debatible. Algunos estudios han asociado dormir entre seis y siete horas con consecuencias negativas para la salud, mientras que otras investigaciones relacionan un periodo de siete a ocho horas con un mayor bienestar psicológico. Por otro lado, una duración insuficiente del sueño se ha relacionado con un mayor riesgo de presentar depresión, ansiedad o problemas de abuso de sustancias (Breslau, Roth, Rosenthal & Andreski, 1997).
Existen diferentes patrones de sueño:
Patrón corto: personas que duermen pocas horas.
Patrón largo: personas que necesitan dormir más horas para sentirse descansadas.
Patrón intermedio: corresponde a quienes se encuentran dentro de un promedio de horas de sueño.
Patrón variable: presenta cambios en la cantidad de horas de sueño.
Estas diferencias no dependen únicamente de la cantidad de horas dormidas, sino también de la calidad del sueño. Es decir, una persona puede dormir durante un periodo aparentemente suficiente y, aun así, tener un sueño poco eficiente o de mala calidad. Incluso los patrones de sueño corto y largo pueden tener algo en común: la presencia de somnolencia durante el día.

¿Qué ocurre cuando tenemos sueño durante el día?
La somnolencia es uno de los problemas relacionados con el sueño y puede llevar a algunas personas a recurrir al consumo excesivo de café o medicamentos para mantenerse despiertas. También puede manifestarse a través de fatiga, falta de energía persistente, sensación de pérdida de control y dificultades para cumplir con las actividades cotidianas y desenvolverse socialmente.
La somnolencia también puede incrementar la frecuencia de las siestas. Cuando estas se vuelven excesivas, pueden presentarse consecuencias como síntomas depresivos, deterioro del funcionamiento cotidiano, déficit cognitivo y sobrepeso (Gyawali, Bursztyn, Ginsberg & Stessman, 2000).
El sueño y el bienestar psicológico
Desde la psicología se ha encontrado que el sueño puede tener una mayor influencia sobre el bienestar psicológico del día siguiente que a la inversa. Una buena calidad de sueño puede favorecer un mejor estado de ánimo y una menor presencia de síntomas cognitivos y físicos al día siguiente.
Asimismo, una mayor satisfacción con el sueño se relaciona con menos síntomas de depresión y ansiedad, así como con un menor número de enfermedades. Sin embargo, la calidad del descanso no depende únicamente de acostarse temprano o cumplir con un número determinado de horas.
También influyen otros factores, como:
Despertarse durante la noche.
La regularidad de los horarios de sueño.
El grado de satisfacción con la calidad del descanso.
Las condiciones del entorno en el que se duerme.
Por ello, dormir bien no consiste solamente en acostarse temprano o cumplir con las horas sugeridas. También implica contar con un entorno y unas condiciones de descanso que respondan a nuestras necesidades durante la noche.

¿Eres una persona matutina o vespertina?
El ciclo sueño-vigilia también permite distinguir entre personas con diferentes preferencias y horarios para dormir. Por un lado, están las personas matutinas, que suelen acostarse y levantarse temprano; por otro, las personas vespertinas, que tienden a acostarse y levantarse más tarde (Buela-Casal & Castillo, 1991).
La principal diferencia se relaciona con el momento del día en que se presenta el mayor nivel de alerta: en la mañana o durante la tarde y noche.
Estos patrones también pueden cambiar de acuerdo con la etapa de vida en la que se encuentra una persona. Por ejemplo, durante la adolescencia, especialmente entre los 15 y 17 años, pueden presentarse alteraciones en los horarios y patrones de sueño. En esta etapa, dormir más de ocho o nueve horas se ha asociado con una buena salud.
¿Qué sucede cuando no dormimos lo suficiente?
Existen diferentes factores que pueden modificar el sueño y, con ello, afectar la salud física y psicológica. Uno de ellos es la privación del sueño, que puede presentarse de manera crónica debido a las exigencias laborales —como el trabajo nocturno o los turnos rotatorios—, el estilo de vida y otras circunstancias.
Cuando una persona tiene establecido un horario de sueño de siete u ocho horas, pero de manera constante restringe su descanso a cinco o seis horas, pueden aparecer diferentes signos y síntomas, entre ellos:
Somnolencia durante el día.
Cansancio.
Problemas de atención.
Dificultad para concentrarse.
Dolor muscular o mialgia.
(Belenky y cols., 2003; Carskadon & Dement, 1981).
En este sentido, la cantidad y la calidad del sueño son elementos que deben considerarse como parte de nuestro bienestar general. Dormir no representa simplemente una pausa en nuestras actividades diarias: es un proceso fundamental para el funcionamiento físico y psicológico de nuestro organismo.
Conclusión
El dormir menos o más tiempo del asociado al denominado patrón de sueño intermedio (6 a 9 horas) tiene consecuencias adversas tanto para la salud física y psicológica, esto varia de la persona y en que etapa del desarrollo se encuentra, al igual que la cantidad y calidad del sueño tienen influencia en el estado de ánimo, el bienestar subjetivo y en la salud física.
El sueño es un excelente indicador del estado de salud, bienestar y calidad de vida de la persona, el mejorar la calidad del sueño redundará sin duda en una mejor calidad de vida, al igual que las conductas de sueño desempeñan un papel mayor en la rutina diaria, teniendo contribuciones a prevenir el declive cognitivo y su estatus funcional.
Referencias:
Belenky, G., Wesensten, N. J., Thorne, D. R., Thomas, M. L., Sing, H. C., y cols. (2003). Patterns of perfor- mance degradation and restoration during sleep restriction and subsequent recovery: A sleep dose- response study. Journal of Sleep Research, 12, 1-12.
Breslau, N., Roth, T., Rosenthal, L. & Andreski, P. (1997). Daytime sleepiness: An epidemiological study of young adults. American Journal of Public Health, 87, 1649-1653.
Buela-Casal, G. & Caballo, V. (1991). Patrones de sueño y diferencias individuales. En G. Buela-Casal & J. Navarro (dirs.), Avances en la investigación del sueño y sus trastornos (pp. 47-57). Madrid: Siglo XXI.
Cano- Lozano, E. M. & Buela-Casal, G. (2005). Sueño y calidad de vida. Revista colombiana de psicología. Núm. 14, pp. 11-27. https://www.redalyc.org/pdf/804/80401401.pdf
Galindo, J. (2008). Los trastornos del sueño. Thompson PLM Perú SAC. P. 12.
Gyawali, P., Bursztyn, M., Ginsberg, G. & Stessman, J. (2000). Is taking a siesta really a health hazard? Archi- ves of Internal Medicine, 5, 711-713.
Roth, T. & Ancoli-Israel, S. (1999). Daytime consequences and correlates of insomnia in the United States: Results of the 1991 National Sleep Foundation Survey II. Sleep, 22, 354-358.





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