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Cuando una tiña no desaparece: el desafío de los hongos resistentes

hace 5 días
4 min de lectura

Conoce por qué algunas tiñas persisten pese al tratamiento y qué papel juega la resistencia a los antimicóticos.


La tiña no es un gusano, aunque en Inglés se conozca como ‘ringworm’. Es una infección superficial causada por hongos llamados dermatofitos, capaces de alimentarse de queratina: una proteína presente en la capa externa de la piel, el cabello y las uñas. Suele provocar lesiones circulares, descamativas y con comezón; sin embargo, no todas las infecciones tienen el aspecto clásico de un “anillo”.


En la mayoría de los casos, la tiña mejora con el tratamiento indicado. Pero en años recientes, profesionales de salud han detectado dermatofitos que pueden persistir, extenderse o reaparecer porque responden poco a medicamentos habituales. Este fenómeno, conocido como resistencia a los antimicóticos, transforma una infección aparentemente sencilla en un reto de salud pública.


Primer plano de una erupción roja y descamada en la piel, junto al vello, sobre fondo negro con un pequeño logo blanco.

Un hongo que desafía tratamientos comunes


Una especie que ha llamado la atención recientemente es Trichophyton indotineae. Antes se consideraba una variante de otro hongo, pero hoy se reconoce como una especie distinta. Puede causar placas extensas, muy pruriginosas, escamosas e inflamadas, sobre todo en el tronco, las extremidades y la ingle.


Su importancia radica en que con frecuencia presenta resistencia a la terbinafina, uno de los antimicóticos de primera línea. En un estudio de vigilancia realizado en Nueva York, E.U.A. entre 2022 y 2024, 57% de los aislamientos de T. indotineae mostró concentraciones inhibitorias elevadas frente a terbinafina. Esto no significa que toda tiña sea resistente ni que el medicamento deje de servir en general; significa que identificar el hongo específico puede ser decisivo cuando un tratamiento no funciona como se esperaba.


La resistencia ocurre cuando ciertas variaciones genéticas permiten al hongo sobrevivir a dosis de un fármaco que antes lo controlaba. También pueden influir el uso incompleto o inadecuado de antimicóticos y el empleo de cremas combinadas que contienen corticoides potentes sin supervisión médica. Estos productos pueden disminuir temporalmente el enrojecimiento o la comezón, pero enmascarar la infección y favorecer que se extienda.


Primer plano de una erupción en la piel con crema blanca aplicada por dedos; parece una lesión seca e irritada.



¿Cómo se transmite la tiña?


Los dermatofitos pueden pasar de una persona a otra por contacto directo piel con piel, incluidos algunos contactos íntimos, o mediante objetos contaminados: toallas, ropa, sábanas, rastrillos, equipo deportivo y superficies húmedas. También pueden transmitirse desde animales con lesiones en la piel.


La humedad, el calor, la fricción y los espacios compartidos facilitan su propagación. Vestidores, regaderas públicas, gimnasios y deportes de contacto son escenarios donde conviene reforzar la prevención. En particular, una variante de T. mentagrophytes, llamada genotipo VII, se ha asociado con transmisión por contacto íntimo; por ello, cualquier erupción nueva o inexplicada debe valorarse, no asumirse ni tratarse por cuenta propia.


Es importante dejar de automedicarse


Una lesión con comezón no siempre es tiña: puede ser dermatitis, psoriasis, una infección bacteriana u otro problema de la piel. El aspecto por sí solo no permite saber si se trata de un dermatofito ni, mucho menos, si es resistente.


Es conveniente consultar a un profesional de salud cuando la erupción es extensa, dolorosa, afecta cara, cuero cabelludo, uñas o genitales; cuando empeora; o cuando no mejora tras seguir un tratamiento indicado. Las personas con defensas bajas, diabetes u otros problemas de salud deben buscar atención sin demora ante lesiones sospechosas.


El diagnóstico puede requerir observar una muestra al microscopio, cultivar el hongo o realizar pruebas moleculares. Distinguir especies cercanas como T. indotineae no siempre es posible con métodos rutinarios; en algunos casos se necesitan pruebas especializadas. Si hay sospecha de resistencia, el personal médico decide si hacen falta estudios adicionales y cuál es el tratamiento más apropiado. No se recomienda iniciar antimicóticos orales, prolongar tratamientos ni usar esteroides tópicos sin indicación profesional. 


Primer plano de un cuello con sarpullido rojizo y piel irritada sobre fondo oscuro.

Hábitos que ayudan a detenerla


Prevenir la tiña resistente comparte las mismas bases de prevenir la tiña habitual:

  • Mantener la piel limpia y seca, y cambiar diariamente calcetines y ropa interior.

  • Usar sandalias en regaderas, vestidores y áreas públicas húmedas.

  • No compartir toallas, ropa, ropa de cama, rastrillos ni artículos de cuidado personal.

  • Lavar las manos después de tocar una lesión propia, ajena o la piel de un animal.

  • Lavar ropa, toallas y sábanas, y limpiar los objetos que hayan estado en contacto con una persona infectada.

  • Llevar al veterinario a perros o gatos que tengan zonas sin pelo, descamación o lesiones en la piel.

  • Evitar el contacto piel con piel con lesiones conocidas o sospechosas hasta recibir orientación profesional.


Cuidar la eficacia de los tratamientos


Los antimicóticos son recursos valiosos. Usarlos solo cuando se necesitan, en la dosis y duración indicadas, ayuda a tratar a cada persona y a reducir la presión que favorece la resistencia. Suspender un tratamiento por cuenta propia al desaparecer la comezón, compartir medicamentos o reutilizar recetas antiguas puede complicar el problema.


El mensaje no es alarmarse por cada mancha en la piel. Es tomarla en serio si persiste, se expande o vuelve. Frente a una tiña que no desaparece, la mejor respuesta no es sumar cremas: es obtener un diagnóstico oportuno y un tratamiento guiado por evidencia.



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