La sociedad micofóbica: ¿Por qué le “tememos” a los hongos?
- Darbien Elihú Miramontes Rivas

- 8 abr
- 5 Min. de lectura
Un Mundo Oculto y Desconocido
Bajo nuestros pies, en la hojarasca, los troncos de los árboles y sobre las piedras, se esconde un mundo fascinante y silencioso: el Reino de los hongos. A pesar de haber coexistido con ellos durante siglos, apenas comenzamos a desvelar su complejidad.
Durante mucho tiempo, los hongos fueron considerados parientes de las plantas, que, erróneamente se clasificaron como una especie de alga que perdió la capacidad de hacer fotosíntesis.
Sin embargo, estudios más profundos revelaron una verdad sorprendente: los hongos están más estrechamente relacionados con los animales que con las plantas. Ambos descienden de un ancestro común que se separó antes de la divergencia entre plantas y animales.

¿Qué es un hongo?
Es un organismo que puede ser pluricelular o unicelular, en su mayoría son filamentosos, eucarióticos (que poseen un núcleo definido), no poseen clorofila y son heterótrofos, es decir, obtienen su alimento descomponiendo materia orgánica. Poseen crecimiento apical y, curiosamente, su pared celular está constituida principalmente por quitina, el mismo compuesto que da soporte a los insectos, crustáceos y arácnidos.
De las sombras a su propio reino
A lo largo de toda nuestra historia se crearon clasificaciones en función de características para el estudio de los seres vivos, las primeras que conocemos son las que hicieron Aristóteles (en el 350 a.C.) y su discípulo Teofrasto (en el 320 a.C). Teofrasto escribió el De Historia Plantarum, libro dónde ya mencionaba a las plantas en la primera división de seres vivos. Estas clasificaciones ubicaron sistemáticamente a los hongos junto con las plantas, algo que se mantuvo por mucho tiempo, no fue hasta 2,288 años después para que este error se corrigiera. Fue en 1969 cuando el ecólogo Robert Harding Whittaker propuso formalmente la separación. A medida que se conocieron más características moleculares y estructurales, se hizo innegable la necesidad de otorgarles su propio dominio. Así nació el Reino Fungi (o Mycota).
Esta clasificación de los reinos de la vida quedó establecida de la siguiente manera: 1. mónera-bacterias 2. protista-protozoarios 3. fungy o mycota-hongos 4. plantae-plantas superiores y 5. animalia-animales metazoarios.

Hongos y sociedad
Lo más increíble es que hemos trabajado con los hongos desde mucho antes de clasificarlos correctamente. Griegos y romanos ya producían vino, y civilizaciones como los sumerios y babilonios elaboraban cerveza. ¿El punto en común? ¡La fermentación!
Este proceso, esencial para la esponjosidad del pan y la producción de alcohol, es impulsado por nuestras grandes amigas las levaduras, específicamente Saccharomyces cerevisiae, la cual es hongo unicelular, tan pequeño que solo se puede ver con microscopio. Con esto en mente, no podemos negar que los hongos han sido esenciales para nuestra alimentación y cultura. Sin embargo, a pesar de sus contribuciones, persiste una aversión cultural: la micofobia.
De lo Sagrado a lo Prohibido: El Origen de la Micofobia en América
La fobia, “miedo” moderno hacia los hongos, o micofobia, contrasta drásticamente con la relación que existía en las culturas prehispánicas de México.
En civilizaciones como la Maya, Azteca y Zapoteca, los hongos no solo eran valorados, sino también venerados. La sociedad era micófila (amante de los hongos). Eran considerados un vínculo con lo divino y lo ancestral, siendo utilizados en ceremonias rituales de adivinación y curación. Los cronistas describieron cómo se les llamaba teonanácatl, que en náhuatl significa "carne de los dioses".
Esta profunda conexión espiritual fue la que detonó el cambio. Con la llegada de los colonizadores españoles, la Iglesia Católica vio en el uso ritual de los hongos un obstáculo para la evangelización. Donde se impuso la micofobia, ya que los frailes asociaron inmediatamente estas prácticas con ritos paganos, hechicería y demonios. Para erradicar las antiguas creencias, el consumo ritual fue prohibido y perseguido. Esta persecución marcó el inicio de la micofobia en México, obligando a las prácticas micófilas a replegarse a las zonas rurales y montañosas para sobrevivir en secreto.

La Raíz de la Micofobia global
La sociedad suele temer aquello que es diferente o que no logra comprender del todo. El miedo a los hongos ha permeado nuestra cultura durante siglos:
Asociación con Enfermedades: Se les relaciona automáticamente con patologías como el pie de atleta, la candidiasis o infecciones pulmonares, causadas por hongos patógenos.
Mala Reputación Cultural: En tradiciones antiguas, se les ha vinculado con círculos de brujas, lugares impuros o la descomposición (moho).
Ficción Negativa: Un ejemplo reciente es la serie The Last of Us (2023), donde un hongo de la familia Cordyceps provoca una pandemia zombi. Si bien se inspira en la capacidad real de algunos hongos para manipular insectos, esta representación se aleja mucho de la realidad, pues el Cordyceps es apreciado por su valor medicinal y gastronómico.
Esta percepción negativa es tan marcada que, mientras existen calles con nombres de árboles (Araucaria en Xalapa, por ejemplo), nunca se ha visto una calle con el nombre de un hongo.

Hongos: La Revolución del Futuro y la Sostenibilidad
Lejos de ser meros descomponedores, los hongos están emergiendo como ingenieros de la sostenibilidad y agentes de soluciones novedosas para problemáticas actuales. Los micólogos (biólogos que estudian los hongos) están revelando su impacto positivo en el medio ambiente y la tecnología. Hemos visto hongos como Trametes versicolor (Cola de pavo) usado para remediación del agua, Schizophyllum commune (Oreja de palo) como parte de la nueva generación de Biopolimeros o al Cordyceps militaris (Sí, el de The last of us) siendo usado como tratamiento para la enfermedad del Alzheimer.
Conclusión: Démosle una Oportunidad al Reino Fungi
Es cierto que la asociación histórica de los hongos con la descomposición y la enfermedad ha alimentado la "sociedad micofóbica". Sin embargo, si logramos superar esta aversión cultural y verlos por lo que realmente son, organismos vitales para el planeta, la salud y la innovación, los hongos pueden ser la clave para solucionar muchos de los problemas del futuro.

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