Murciélagos y entornos invisibles en la ciudad
- Oscar Eduardo Covarrubias Treviño

- 26 mar
- 6 Min. de lectura
Si alguna vez te has preguntado cómo los entornos invisibles que generan nuestras ciudades, como la luz artificial, el ruido o los campos electromagnéticos, afectan a la fauna nocturna, especialmente a los murciélagos, aquí encontrarás una explicación basada en ciencia actual y en una perspectiva biológica y biofísica.
El texto que aquí se presenta combina divulgación accesible con bases científicas, y pretende abrir la conversación sobre cómo la tecnología y la vida silvestre pueden coexistir en ciudades más conscientes.

La noche en la ciudad y el rol de los murciélagos
La vida urbana no solo transforma el paisaje visible, también moldea los entornos invisibles donde la fauna se adapta o desaparece. Uno de esos entornos es el electromagnético, un componente cada vez más presente y menos comprendido de nuestras ciudades.
Al caer la noche, mientras la mayoría de las personas se resguardan en sus hogares, las ciudades despiertan a otro ritmo. Entre el bullicio del tráfico, el resplandor de farolas, los anuncios luminosos y el murmullo lejano de la música nocturna, hay seres que inician su jornada: los murciélagos. Estos mamíferos alados, a menudo temidos e incomprendidos, vuelan entre parques y avenidas desempeñando funciones vitales que casi siempre pasan desapercibidas.

Beneficios ecológicos de los murciélagos
Al devorar miles de insectos cada noche, evitan que plagas agrícolas o urbanas se descontrolen; al visitar flores, contribuyen a la polinización de plantas que sostienen ecosistemas enteros; al dispersar semillas, promueven la regeneración de bosques. Son, en pocas palabras, aliados invisibles de nuestra vida cotidiana.
Aunque recibimos todos estos beneficios, hemos construido un paisaje urbano que no siempre les favorece. Las luces que nunca se apagan, los ruidos que saturan el ambiente, el aire contaminado que respiramos y la constante reducción de áreas verdes se convierten en obstáculos para su supervivencia.
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Presiones urbanas sobre los murciélagos
Luz artificial: La luz artificial, por ejemplo, actúa como una frontera invisible: mientras que algunas especies aprovechan la abundancia de insectos que se acumulan en torno a las farolas, otras evitan esas zonas iluminadas porque incrementan el riesgo de depredación. Así, lo que para un murciélago pipistrelo representa un banquete fácil, para un murciélago de herradura significa un terreno prohibido.
Ruido urbano: El ruido urbano añade otra capa de complejidad: el sonido de motores, bocinas y música en alto volumen interfiere con la ecolocalización, ese sonar natural que les permite orientarse y cazar.
Contaminación del aire: El aire contaminado tampoco es un asunto menor: estudios han demostrado que la exposición prolongada a partículas finas reduce la capacidad de oxigenación, un costo fisiológico que compromete su rendimiento nocturno.
Contaminación electromagnética: A estas presiones se suma una amenaza silenciosa y casi inadvertida: la contaminación electromagnética. La energía electromagnética se propaga en forma de ondas y puede clasificarse en radiación ionizante (como los rayos X o gamma) y no ionizante (como las ondas de radio, microondas o señales de telefonía). La intensidad de estos campos se mide en voltios por metro (V/m) o microteslas (µT), y su regulación suele guiarse por el principio ALARA (As Low As Reasonably Achievable), que busca mantener la exposición tan baja como sea razonablemente posible.
Evidencias de efectos en la actividad de murciélagos
¿Qué significa convivir con este entorno invisible para los murciélagos? Los primeros indicios apuntan a impactos relevantes. En zonas urbanas, los niveles promedio de exposición varían entre 0.1 y 6 V/m, dependiendo de la distancia a las fuentes emisoras. En Escocia se documentó una disminución significativa de la actividad de murciélagos en las cercanías de instalaciones de radar, donde los campos eléctricos superaban los 2 V/m (Nicholls y Racey 2007). Experimentos controlados mostraron que la simple activación de radares portátiles bastaba para reducir la actividad de forrajeo, aun sin cambios en la abundancia de insectos, lo que sugiere un efecto directo de la radiación (Nicholls y Racey 2009).

Interferencia en la orientación magnética
El fenómeno adquiere mayor relevancia al considerar que varias especies utilizan el campo magnético terrestre como brújula interna. Murciélagos como Nyctalus plancyi o Eptesicus fuscus pueden detectar variaciones extremadamente sutiles en el campo geomagnético y orientarse con base en ellas (Holland et al. 2006; Wang et al. 2007). Si los campos electromagnéticos artificiales interfieren con estas señales naturales, el resultado podría ser desorientación, desvío de rutas migratorias o dificultad para hallar refugios.
Posibles efectos fisiológicos
Además de los efectos en la orientación, se han descrito posibles consecuencias fisiológicas. La exposición prolongada a radiación no ionizante podría inducir estrés oxidativo, alterar niveles hormonales o modificar la respuesta inmune (Blanca et al. 2023a, 2023b). También se ha observado que algunas especies evitan áreas con alta radiación, reduciendo así su espacio vital (Froidevaux et al. 2023). Aunque la evidencia sigue siendo limitada, la tendencia es clara: los campos electromagnéticos pueden actuar como un factor de estrés adicional en ambientes urbanos.

Vacíos de conocimiento y nuevos desafíos
Los vacíos de conocimiento siguen siendo amplios. La mayoría de los estudios sobre contaminación electromagnética se han realizado fuera de contextos urbanos, por lo que aún falta evaluar cómo interactúan estas ondas con otras presiones ambientales, como la luz artificial o el ruido. A ello se suma la escasez de mediciones sistemáticas en refugios y corredores de vuelo, así como la necesidad de estudios que analicen los efectos acumulativos a largo plazo (Levitt et al. 2022; Bektas et al. 2021).
Planificación urbana y soluciones preventivas
Frente a esta incertidumbre, la planificación urbana puede desempeñar un papel crucial. Evitar la instalación de antenas o radares cerca de parques, corredores verdes y refugios de murciélagos sería una medida preventiva sencilla pero efectiva. Asimismo, incorporar mediciones de radiación electromagnética en los estudios de biodiversidad urbana y promover espacios con baja iluminación y ruido contribuiría a crear “carreteras nocturnas” seguras para la fauna. Visualicemos un parque con árboles altos, luces suaves y un entorno tranquilo: un refugio no solo para los murciélagos, sino para toda la vida nocturna.
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Murciélagos urbanos: un símbolo de resiliencia
A pesar de las amenazas, los murciélagos urbanos son un símbolo de resiliencia. Han aprendido a adaptarse a las luces, los ruidos y, posiblemente, a los niveles actuales de radiación. Su presencia nos recuerda que la vida silvestre puede coexistir con la tecnología, siempre que actuemos con responsabilidad y conocimiento. La contaminación electromagnética es un reto emergente, pero también una oportunidad para rediseñar nuestras ciudades de forma más consciente y sustentable.
Cuidar a los murciélagos urbanos es cuidar el equilibrio invisible que sostiene nuestras ciudades. Comprender y mitigar los efectos de la contaminación electromagnética es un paso necesario hacia urbes donde la tecnología y la naturaleza puedan coexistir en armonía.
La presencia de murciélagos en las ciudades nos recuerda que incluso los entornos más industrializados dependen de equilibrios invisibles para sostener la vida. Comprender cómo la contaminación electromagnética altera estos delicados sistemas es un paso esencial hacia una convivencia más responsable. Solo al reconocer nuestros impactos podremos construir urbes donde tecnología y naturaleza crezcan en armonía.

Referencias:
Bektas, F., et al. 2021. Transportation Research Record 2675: 43816. https://doi.org/10.1177/03611981211043816
Blanca, M., et al. 2023a. Health Physics 124:1624. https://doi.org/10.1097/HP.0000000000001624
Blanca, M., et al. 2023b. Health Physics 124:1625. https://doi.org/10.1097/HP.0000000000001625
Froidevaux, J. S. P., et al. 2023. Proceedings of the Royal Society B 290:20222510. https://doi.org/10.1098/rspb.2022.2510
Holland, R. A., et al. 2006. Nature 444:702.
Levitt, B. B., et al. 2022. Frontiers in Public Health 10:1000840. https://doi.org/10.3389/fpubh.2022.1000840
Nicholls, B., y P. Racey. 2007. Biology Letters 3:229-232.
Nicholls, B., y P. Racey. 2009. PLoS ONE 4:e6246.
Senzaki, M., et al. 2020. Nature 587:605-609.
Stone, E. L., G. Jones, y S. Harris. 2009. Current Biology 19:1123-1127.
Wang, Y., et al. 2007. Proceedings of the Royal Society B 274:2901-2905.




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