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Infarto en mujeres: lo que sabemos y lo que ignoramos


El infarto agudo de miocardio es una emergencia médica que ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo al corazón, provocando daño o muerte del tejido cardíaco. A nivel mundial, sigue siendo una de las principales causas de enfermedad y muerte, con una carga creciente en países de ingresos bajos y medios (Anderson y Morrow, 2017).


Aunque históricamente se ha considerado una enfermedad predominante en hombres, hoy se sabe que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en mujeres a nivel global (Mehta et al., 2016). Sin embargo, su estudio, diagnóstico y tratamiento han estado marcados por diferencias importantes. 


Mujer mayor en sofá gris, con la mano en el pecho y gesto de dolor o falta de aire.

Una enfermedad subestimada en mujeres 


Desde hace décadas, se sabe que las mujeres presentan mayor mortalidad tras un infarto de miocardio a corto y largo plazo en comparación con los hombres, además de una mayor incidencia de complicaciones como insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular (Mehta et al., 2016).


A pesar de estos datos, la cardiopatía coronaria ha sido históricamente subestudiada en mujeres, en parte por la percepción errónea de que es una enfermedad masculina (Mehta et al., 2016). Esto ha contribuido, entre otras cosas, a retrasos en el diagnóstico y a diferencias en la atención médica.


Síntomas: más allá del dolor en el pecho


El síntoma clásico, “más conocido” del infarto es el dolor torácico opresivo que puede irradiarse a otras zonas del cuerpo (Mehta et al., 2016). Sin embargo, se ha reportado que las mujeres presentan con mayor frecuencia manifestaciones distintas o menos reconocidas. 


Entre los síntomas más comunes en mujeres se encuentran:

  • Fatiga inusual 

  • Dificultad para respirar 

  • Náuseas o vómitos 

  • Mareo 

  • Dolor en espalda, cuello o mandíbula 

(Schulte y Mayrovitz, 2023) 


Al no ser una presentación fácilmente reconocible, estas diferencias pueden hacer que el infarto pase desapercibido. De hecho, las mujeres presentan una mayor variedad de síntomas y hasta un 10% más manifestaciones por evento en comparación con los hombres (Schulte y Mayrovitz, 2023). 



Mujer joven al volante, con gesto de dolor y mano en la frente, dentro de un coche iluminado por el sol.

Factores de riesgo: no son los mismos


Existen factores de riesgo clásicos como hipertensión, diabetes, tabaquismo y obesidad (Mehta et al., 2016). Sin embargo, múltiples estudios muestran cómo, en mujeres, estos factores pueden tener un impacto distinto. 


Por ejemplo: 

  • La diabetes y la hipertensión aumentan más el riesgo en mujeres que en hombres 

  • El tabaquismo tiene un efecto más perjudicial en mujeres 

  • Las mujeres suelen presentar infartos a mayor edad y con más comorbilidades 

(Schulte y Mayrovitz, 2023)


Además, existen factores únicos en mujeres: 


Embarazo y salud cardiovascular 

Complicaciones como la preeclampsia o la diabetes gestacional se asocian con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular en etapas posteriores de la vida (Appelman et al., 2015). 


Factores hormonales y endocrinos 

Condiciones como el síndrome de ovario poliquístico o la menopausia temprana también han mostrado un rol en el riesgo cardiovascular (Appelman et al., 2015). Estos elementos suelen estar ausentes en modelos tradicionales de evaluación de riesgo. 

 

El diagnóstico: sesgos que cuestan vidas 

El diagnóstico del infarto en mujeres puede convertirse en un desafío clínico importante. Como se ha descrito, sus síntomas pueden ser menos reconocidos, más inespecíficos y presentarse de forma más tardía en comparación con los hombres (Hamid et al., 2024). 

A esto se suman múltiples factores que agravan el problema: las mujeres tienden a reportar menos sus síntomas, existe una menor percepción de riesgo cardiovascular y persisten ideas erróneas que consideran al infarto como una enfermedad predominantemente masculina (Hamid et al., 2024). 


Mujer embarazada se inyecta insulina en el abdomen, en un ambiente cálido y tranquilo.

Desigualdad en la atención médica 


Las diferencias no terminan en el diagnóstico. También existen en el tratamiento.


Diferentes fuentes muestran que, bajo diferentes condiciones y contextos, las mujeres: 

  • Tienen menor probabilidad de ser referidas a un cardiólogo 

  • Reciben menos medicamentos cardiovasculares clave 

  • Tienen menor acceso a tratamientos óptimos 

(Hamid et al., 2024)


Por ejemplo, tras un evento cardíaco, es menos probable que reciban estatinas de alta intensidad o antiagregantes, lo que aumenta el riesgo de complicaciones y mortalidad (Hamid et al., 2024).



Una realidad invisibilizada 


Los infartos de miocardio no reconocidos representan aproximadamente el 30 % de los casos en mujeres (Schulte y Mayrovitz, 2023), lo que implica que una proporción importante puede pasar desapercibida y no recibir diagnóstico ni tratamiento oportuno.


A esto se suman factores sociales, culturales y de acceso a salud que influyen en el riesgo y en los resultados, especialmente en poblaciones diversas (Quesada et al., 2024). 


Médico y colega revisan en portátil un diagrama del corazón en una clínica; una enfermera trabaja al fondo.

¿Qué sigue? Repensar la salud cardiovascular en mujeres


La evidencia actual señala la necesidad de: 

  • Incorporar diferencias por sexo en investigación 

  • Mejorar herramientas de diagnóstico 

  • Integrar factores sociales y de género 

  • Diseñar intervenciones más inclusivas 

(Quesada et al., 2024) 


Abordar estas brechas no solo implica mejorar la atención médica, sino también reconocer que la enfermedad cardiovascular no se presenta igual en todas las personas. 


Conclusión 


El infarto en mujeres no es una variante del masculino: es una condición con características propias. Sus síntomas, factores de riesgo y evolución son diferentes, y no reconocerlo tiene consecuencias reales. 

Visibilizar estas diferencias es el primer paso para mejorar el diagnóstico, reducir el sesgo en la atención y, en última instancia, salvar vidas. 



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Bibliografía:
  • Anderson, J. L., & Morrow, D. A. (2017). Acute myocardial infarction. New England Journal Of Medicine, 376(21), 2053-2064. https://doi.org/10.1056/nejmra1606915 

  • Mehta, L. S., Beckie, T. M., DeVon, H. A., Grines, C. L., Krumholz, H. M., Johnson, M. N., Lindley, K. J., Vaccarino, V., Wang, T. Y., Watson, K. E., & Wenger, N. K. (2016). Acute Myocardial Infarction in Women. Circulation, 133(9), 916-947. https://doi.org/10.1161/cir.0000000000000351 

  • Schulte, K. J., & Mayrovitz, H. N. (2023). Myocardial Infarction Signs and Symptoms: Females vs. Males. Cureus. https://doi.org/10.7759/cureus.37522 

  • Appelman, Y., Van Rijn, B. B., Haaf, M. E. T., Boersma, E., & Peters, S. A. (2015). Sex differences in cardiovascular risk factors and disease prevention. Atherosclerosis, 241(1), 211-218. https://doi.org/10.1016/j.atherosclerosis.2015.01.027 

  • Hamid, A. A., Beckett, R., Wilson, M., Jalal, Z., Cheema, E., Obe, D. A., Coombs, T., Ralebitso-Senior, K., & Assi, S. (2024). Gender Bias in Diagnosis, Prevention, and Treatment of Cardiovascular Diseases: A Systematic review. Cureus, 16(2), e54264. https://doi.org/10.7759/cureus.54264 

  • Quesada, O., Crousillat, D., Rodriguez, F., Bravo-Jaimes, K., Briller, J., Ogunniyi, M. O., Mattina, D. J., Aggarwal, N. R., Rodriguez, C. J., De Oliveira, G. M. M., & Velarde, G. (2024). Cardiovascular Disease in Hispanic Women. Journal Of The American College Of Cardiology, 83(17), 1702-1712. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2024.02.039 


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